
Hay viajes que empiezan bastante antes de la primera bola.
En este caso había nervios por varios motivos. Era la primera visita a Londres, el primer contacto con un evento de esta dimensión y, aunque el European Pinball Championship iba a llegar después, ya desde el comienzo estaba claro que el UK Open 2026 no iba a ser precisamente un torneo más.
La salida fue temprano el miércoles 23 de septiembre desde Valencia rumbo a Luton. Allí se produjo el primer encuentro con Julio Vicario, aunque nuestros caminos hacia Londres continuarían después por rutas diferentes.

Quedaba todavía una buena parte del miércoles y había que aprovecharla.
Era mi primera vez en Londres y, aunque el motivo principal del viaje era el pinball, resultaba imposible no dedicar unas horas a conocer al menos una pequeña parte de una ciudad que impresiona desde el primer momento. Buckingham Palace, el Támesis, el London Eye, Westminster, sus iglesias, estaciones, calles y una red de transporte tan enorme como eficiente fueron algunas de las primeras imágenes del viaje.
Una ciudad gigantesca, sí, pero también sorprendentemente amable.

Y al día siguiente empezaban los tiros.
De turista a jugador en apenas unas horas
El jueves por la mañana salimos temprano con Pablo rumbo a Wandsworth Civic Suite, sede del UK Open y del European Pinball Championship.
Desde nuestro alojamiento teníamos aproximadamente una hora de transporte público. Tube, tren, autobús, caminar… el traslado diario terminó convirtiéndose en otra parte de la experiencia.

A las nueve de la mañana ya estábamos encontrándonos con el resto de la delegación española y, mientras esperábamos el ingreso, empezaron a aparecer caras conocidas por todos lados.

Amigos franceses, alemanes, neerlandeses, italianos, estadounidenses, escandinavos…
Y una cantidad de jugadores top difícil de procesar de golpe.
Eric Stone, Arvid Flygare, Viggo Löwgren, Lukas Ott, Timber Engelbeen, Raymond Davidson, Zach Sharpe, Jack Slovacek, Paul Englert, Daniele Acciari, Ben Moser y tantos otros que cualquier enumeración termina siendo injusta.
Estaba buena parte de la élite mundial del pinball reunida en un mismo edificio.
El UK Open terminó con Eric Stone como campeón, seguido por Dante Oliva, Arvid Flygare y Lukas Ott. Julio Vicario alcanzó una excelente 15ª posición y Nacho Rodeyro finalizó 26º.

Pinball Biar también estuvo presente en Londres, representado por David Christian Oostdam, dentro de una nutrida expedición española que durante cuatro días se repartió entre Main, Classics, EPC, Team Competition y los distintos torneos paralelos.
Un venue a la altura del evento
Wandsworth Civic Suite resultó impresionante.
Un edificio antiguo, señorial y de grandes dimensiones, con el torneo distribuido principalmente en dos espacios.
En el salón principal se desarrollaban el UK Open Main y el EPC, mientras que en una sala contigua se concentraban UK Classics, Ladies, Juniors y posteriormente el Team Competition.
El despliegue organizativo estaba a la altura.
Neil McRae, Simon Love y todo su equipo llevaron adelante una estructura enorme con una naturalidad sorprendente.
Cuando una máquina presentaba un fallo, prácticamente desaparecía de la zona de juego: era retirada, llevada a una sala habilitada como taller y, en muchos casos, regresaba pocos minutos después en condiciones de continuar.

Con más de doscientos jugadores, decenas de máquinas funcionando durante jornadas larguísimas y distintos torneos disputándose simultáneamente, que todo siguiera fluyendo de esa manera decía mucho del trabajo que había detrás.
Y también del equipo técnico, que prácticamente no descansó.
El formato: jugar bien no alcanza
El UK Open utiliza un formato de clasificación por tarjetas de cinco máquinas.
La explicación parece sencilla.
Comprás una tarjeta, jugás cinco partidas en cinco máquinas diferentes y la suma de los puntos otorgados según la posición de cada score determina el valor de la tarjeta.
Pero jugarlo es otra cosa.
El mejor score de cada máquina recibe 200 puntos, el segundo 195, el tercero 190 y luego la puntuación continúa descendiendo. Además, esos valores no son fijos: a medida que entran nuevas puntuaciones, tu resultado puede perder posiciones y, por lo tanto, puntos.
De repente una partida que por la mañana parecía excelente deja de serlo unas horas después.
Y ahí empieza el verdadero juego dentro del juego.
Porque quizá llevás cuatro resultados muy buenos y uno mediocre.
¿Guardás la tarjeta?
¿Intentás salvarla?
¿La anulás?
¿Seguís jugando una máquina donde ya tenés un buen score en otra tarjeta?
¿Vale la pena arriesgarlo?
¿Estás gastando demasiada energía en una tarjeta que probablemente no alcance?
La decisión de hacer VOID elimina todos los resultados de esa tarjeta. Todo. Incluso esas tres o cuatro partidas excelentes que acababas de jugar. No hay devolución y hay que empezar otra vez.
Y todo esto había que hacerlo simultáneamente en UK Open, EPC y Classics.
El desgaste no era solamente físico.
Era cálculo permanente.
La palabra del fin de semana: VOID
Las cifras ayudan a entender hasta qué punto.
Sólo en la clasificación del UK Open se jugaron 1.302 tarjetas, de las cuales 540 terminaron anuladas: un 41%.
Sumando EPC, UK Open, Classics y Ladies, el sistema registró 20.542 partidas sobre 5.871 tarjetas.
Miles de partidas.
Miles de decisiones.
Y una enorme cantidad de buenos scores enviados directamente a la basura porque no encajaban dentro de una tarjeta competitiva.
Las tarjetas eran además de pago y una parte importante de esa recaudación alimentaba la bolsa de premios del evento, de modo que la decisión de seguir intentando, conservar o mandar una tarjeta a VOID tenía también un componente económico.
No es casual que, después de semejante experiencia, empezáramos a bromear con una posible evolución del nombre del Team LATAM para futuras ediciones:
VOID BOYS.
No suena tan mal.
Máquinas preparadas para no regalar nada
A semejante presión estratégica se sumaban las condiciones de juego.
Las máquinas estaban configuradas para torneo: ajustes duros, escasas concesiones y, en muchos casos, gomas retiradas de outlanes y postes centrales para acelerar las partidas.
El banco del UK Open combinaba modernos y clásicos modernos de enorme exigencia: TRON Legacy, Cactus Canyon Remake, Elvira’s House of Horrors, Foo Fighters, FunHouse, Indianapolis 500, Iron Man, John Wick, Metallica, Pokémon, Star Trek, Stranger Things, Swords of Fury, Time Machine, Transformers, Whirlwind, White Water, The Beatles, Walking Dead Remastered, entre otras.
No había demasiadas máquinas donde uno pudiera pensar: “acá descanso un poco”.
Y probablemente ésa era la idea.

Una tarjeta que abrió la puerta
En mi caso, el UK Open terminó girando alrededor de una tarjeta bastante equilibrada.
Conseguí buenos resultados en TRON, Elvira’s House of Horrors y John Wick, mientras que Swords of Fury y Time Machine quedaron algo por debajo de lo que hubiera querido.
La tarjeta terminó con 715 puntos.
No alcanzaba para entrar entre los 40 mejores de la A Final, cuyo corte terminó en 812 puntos.
Pero existía una segunda oportunidad.
El reglamento contemplaba una B Final de 16 jugadores. En principio correspondía a las posiciones inmediatamente posteriores al Top 40, pero había una condición importante: ningún jugador situado dentro del Top 500 del ranking mundial podía participar de esa división. Cuando alguno de ellos ocupaba una plaza, el cupo corría hacia el siguiente jugador elegible.
Y así apareció una oportunidad que inicialmente ni siquiera esperaba.
Había clasificado para la B.
Una ronda más cuando ya casi no quedaba nada
La B Final se disputaba bajo el mismo espíritu PAPA de las finales principales.
En la primera ronda tocó TRON Legacy.
Ahí salió una buena partida y terminé segundo, lo suficiente para seguir adelante.
La siguiente ronda fue en Cactus Canyon Remake.
Y ahí terminó el recorrido.
Resulta casi irónico, porque el día anterior había conseguido en esa misma máquina un score que, de haber ocurrido en esa partida, probablemente me hubiera dejado primero.
Pero los torneos funcionan así.
Cactus Canyon salió mal.
Muy mal.
Y terminó la B.
Match Play refleja la posición dentro del cuadro B entre los ocho primeros, aunque reglamentariamente la B no modifica la posición general reportada a IFPA: sirve para competición y premios, pero el ranking oficial conserva la posición de clasificación del Main.
El resultado oficial del UK Open fue finalmente 76º sobre 211 jugadores.
Pero, más allá del número, llegar a ese cuadro fue uno de esos resultados que uno no esperaba antes de empezar el viaje.
Y también una lección importante.
El cansancio juega su propio torneo
Cuando llegó Cactus Canyon ya no estaba con todas las luces.
Los reflejos eran otros.
La concentración también.
Habíamos acumulado jornadas de 12 a 14 horas, jugando simultáneamente UK Open, EPC y Classics, mirando rankings, haciendo VOID, comprando tarjetas, esperando colas, eligiendo máquinas y tratando de recomponer mentalmente cada mal resultado.
El jueves todavía había reservas.
El viernes empezó a sentirse.
El sábado ya costaba.
Y el domingo directamente había que buscar energía donde quedara.
Fue una de las conclusiones más importantes del viaje: la gestión física y mental también forma parte del pinball competitivo.
Mirando a muchos de los jugadores top apareció un patrón bastante evidente.
Llegaban.
Jugaban unas horas.
Hacían su trabajo.
Y se iban.
No intentaban ganar el torneo el jueves, el viernes, el sábado y el domingo simultáneamente.
No se quemaban.
Tomé nota.
Classics: volver cuarenta años atrás
Si hubo un torneo que me tocó especialmente desde lo emocional fue UK Classics.
Ahí aparecieron muchas máquinas con las que crecí.
Blackout, Cheetah, Embryon, Quicksilver, Star Gazer, Lightning, Meteor, Big Game y una colección fantástica de Stern y otras solid state de finales de los 70 y principios de los 80.
Tengo debilidad por aquellas Stern.
Y había muchas de las mejores.
El problema era que también estaban intratables.
Una de mis mejores tarjetas combinó Cheetah, Big Game, Embryon, Meteor y Quicksilver, alcanzando 712 puntos.
Otra reunió Lightning, Spooky, Rolling Stones, Star Gazer y Cheetah.
Hubo además scores mejores repartidos en otras tarjetas que nunca llegaron a sobrevivir al temido VOID.
Fresco, durante las primeras horas del jueves, los resultados salieron.
Llegué a estar segundo provisional e incluso primero durante parte de la jornada, manteniéndome dentro del corte durante buena parte del jueves y todavía parte del viernes.
Después llegó la factura.
El corte final de Classics quedó en 770 puntos.
Mi resultado oficial terminó siendo 58º, pero el número no cuenta del todo lo que significó volver a jugar competitivamente esas máquinas después de tantos años.
Fue uno de los momentos más lindos del UK Open.
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Los números que dejó el UK Open
Más allá de todo lo vivido alrededor, el UK Open dejó también resultados de muchísimo nivel.
En el Main, el estadounidense Eric Stone se quedó con la victoria, seguido por Dante Oliva, Arvid Flygare y Lukas Ott en las cuatro primeras posiciones.

Entre los españoles, Julio Vicario terminó 15º y Nacho Rodeyro 26º, dos resultados especialmente destacados en un field de más de doscientos jugadores. La clasificación española del Main quedó con Julio Vicario 15º, Nacho Rodeyro 26º, César Dubón 46º, Christian Oostdam 76º, Josep Cruells 81º, Pablo Olivero 88º, Javier Núñez 99º, Rafael de Lima 107º, Jesús Garbín 146º y Andrés Garbín 174º.
En la B Final, reservada a los jugadores elegibles fuera del A Final, Gabriel Chazanov fue el ganador, seguido por Stan Hayward. Josep Cruells consiguió una gran tercera posición, mientras que Christian Oostdam cerró entre los ocho primeros del cuadro. Conviene recordar que la B otorgaba premios y tenía su propia competición, pero reglamentariamente no modificaba la posición general que posteriormente se reportaba a IFPA.
El UK Classics terminó en manos de Wilfred Johnsen, con Jiro Suvanto segundo, Andrew Foster tercero y Johnny Modica cuarto. Entre los nuestros, Julio Vicario fue 27º, Josep Cruells 41º, César Dubón 45º, Pablo Olivero 55º y Christian Oostdam 58º.

También hubo espacio para el Ladies UK Open, ganado por Tirza Wichelhaus, por delante de Julia Palfi, Amy Ziegenhagen y Helen de Haan-Verbeek, y para el torneo Junior, donde Julia Palfi se impuso a Adrian Darwin Kjaer, Michael Aw y James Aw.
El domingo se disputó además el Target Matchplay, con 88 jugadores sobre 26 máquinas. Koi Morris ganó con 78 puntos, seguido por Mariusz Tkacz y Jon Carolan. Entre los nuestros, Pablo Olivero terminó 57º, Rafael de Lima 60º, Javier Núñez y Christian Oostdam 65º y Josep Cruells 95º.
También del otro lado de la máquina
Otra particularidad del UK Open es que muchos participantes colaboran realizando turnos de scorekeeping.
Y ahí apareció una situación bastante surrealista.
Con una trayectoria competitiva todavía relativamente corta, de golpe tocaba estar del otro lado de la máquina, anotando oficialmente los scores de gente como Viggo Löwgren, Paul Englert, Eric Stone, Arvid Flygare, Jack Slovacek, Lukas Ott, Zach Sharpe, Raymond Davidson y tantos otros.
Casi de “juez” de algunos de los mejores jugadores del planeta.
No hubo grandes charlas filosóficas.
No había tiempo.
Terminaba una partida y ya había alguien esperando.
Pero sí pequeños comentarios, guiños, alguna risa y esos segundos que sirven para quitarle solemnidad a nombres que uno está acostumbrado a ver únicamente en rankings, streams o finales.
Al final eran jugadores esperando su turno como todos.
Sólo que jugaban una barbaridad.

Organización, técnicos y streaming
Ese ritmo sólo era posible porque había muchísima gente trabajando alrededor.
Scorekeepers, técnicos, responsables de sala, organización, streaming.
El área técnica funcionaba constantemente y el sistema de competición estaba preparado para mover cientos de jugadores entre bancos de máquinas sin detener la actividad.
También hubo un importante despliegue de streaming, permitiendo seguir partidas y fases finales durante todo el fin de semana.

Cuando un evento de estas dimensiones parece funcionar “solo”, normalmente significa exactamente lo contrario: hay un equipo enorme detrás evitando que el público vea los problemas.
Y en Wandsworth eso se notaba.
Un torneo que seguía incluso cuando dejabas de jugar
También estaban los momentos fuera del salón.
Los almuerzos en la esquina del Civic Suite.
El pub de enfrente para bajar un cambio.
El Tube.
Los trenes.
Los paseos.
Los viajes de ida y vuelta durante una hora comentando partidas que habían salido bien, partidas que habían salido mal y, especialmente, partidas que uno juraba que nunca más iba a tirar a VOID.
Muchísimas risas.
Amigos de distintos países.
Reencuentros.
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Y esa convivencia que termina siendo una parte tan importante de estos viajes como el propio torneo.
El grupo español llegó a Londres ya con vínculos fuertes.
Se fue todavía más unido.
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Mucho más que una clasificación
Al UK Open llegué con muchos nervios.
Y me fui con varias certezas.
La primera: puedo competir en este nivel.
La segunda: todavía hay muchísimo por mejorar.
La tercera: para mejorar no alcanza solamente con aprender reglas o técnicas.
Hay que aprender a administrar energía.
Cuándo jugar.
Cuándo parar.
Cuándo insistir.
Cuándo tirar una tarjeta.
Y quizá, sobre todo, cuándo irse del venue y volver al día siguiente.
Cuatro jornadas de doce, trece o catorce horas terminaron superando mis reservas físicas y mentales.
Pero también dejaron una cantidad enorme de experiencia.
Y confianza.
El UK Open fue agotador.
Fue por momentos frustrante.
Fue tremendamente exigente.
Y fue también una de las experiencias de pinball más intensas que había vivido hasta ese momento.
Lo mejor es que todavía faltaba el plato fuerte.
Porque mientras el UK Open llegaba a sus fases decisivas, en el mismo edificio se estaba jugando algo todavía más grande.
El European Pinball Championship.
Mi primer Major.
Y, en el medio, una pequeña aventura llamada Team LATAM.
Pero esa es otra historia.
