EPC 2026: un primer Major, Team LATAM y una lección entre los mejores del mundo

BITÁCORA octubre 8, 2026 Por David Christian Oostdam

Cuando empezó el UK Open sabíamos que el fin de semana iba a ser duro. Lo que quizá no terminábamos de dimensionar era que, mientras luchábamos contra tarjetas, VOID, Classics y jornadas interminables, en paralelo estábamos disputando algo todavía más grande: el European Pinball Championship 2026, uno de los Majors de IFPA y, para algunos de nosotros, el primero.

Después de meses mirando rankings, resultados y nombres desde lejos, de repente estábamos ahí, compartiendo salón, máquinas y competencia con buena parte de los mejores jugadores del planeta. Pinball Biar volvía a estar presente en Londres, representado por David Christian Oostdam, dentro de una amplia delegación española que ya llevaba varios días exprimida por el UK Open.

Y todavía quedaba muchísimo por jugar.

Un Major dentro de otro mundo

El EPC reunió a 238 jugadores sobre 25 máquinas, con clasificación durante tres jornadas completas —jueves, viernes y sábado, de 10:00 a 22:00— mediante tarjetas de cinco partidas.

Clasificaban los 72 mejores para las finales del domingo, pero entrar no era lo único importante: los puestos 9 al 24 recibían un bye, los puestos 5 al 8 dos byes y los cuatro primeros nada menos que tres rondas de ventaja.

El field era sencillamente monstruoso: Viggo Löwgren, Timber Engelbeen, Arvid Flygare, Eric Stone, Lukas Ott, Jack Slovacek, Raymond Davidson, Luca Fredella, Zach Sharpe, Korben Van Wonterghem, Paul Englert, Roberto Pedroni, Daniele Acciari y una lista que podría seguir durante bastante rato.

No había demasiadas zonas cómodas en aquella clasificación.

Cinco máquinas y tres días mirando una tarjeta

Mi EPC terminó girando alrededor de una tarjeta conseguida relativamente temprano, durante el jueves:

Evil Dead CE: 20.933.300
James Bond 007: 5.127
Diamond Lady: 1.362.570
Excalibur: 1.436.320
Taxi: 4.149.790

En determinado momento llegó a valer 824 puntos, una puntuación muy buena. El problema era el mismo que habíamos sufrido durante todo el UK Open: en este sistema nada permanece quieto.

Cada nueva puntuación de otro jugador puede empujar la tuya hacia abajo. Primero una posición. Después otra. Y otra más.

Así que durante prácticamente tres días existió una especie de segundo torneo paralelo: jugar, mirar el ranking, calcular, actualizar, intentar otra tarjeta, mandar alguna a VOID y volver a mirar cómo aquella tarjeta del jueves iba perdiendo lentamente valor.

El EPC terminó registrando 2.473 tarjetas, de las cuales 1.354 fueron anuladas: un 55% de VOID. Fueron 36 horas efectivas de clasificación repartidas entre tres días.

Era una auténtica trituradora física y mental.

Dos horas

Lo más cerca de la clasificación llegó el sábado.

A aproximadamente dos horas del cierre seguía ahí: 74º, con 699 puntos frente a los 701 que marcaban provisionalmente la línea del Top 72.

Después de tres días y quién sabe cuántas bolas, todo podía reducirse a un par de puntos.

Hubo nuevos intentos, pero para entonces el problema ya no era entender qué había que hacer, sino conseguir ejecutarlo. Las manos seguían jugando y la cabeza también, pero ninguna respondía como el jueves.

El cansancio acumulado del UK Open, Classics, EPC, scorekeeping y jornadas de doce a catorce horas empezaba a cobrar intereses.

Finalmente el resultado oficial fue 81º.

Por muy poco fuera de unas finales de Major que hasta el último tramo habían parecido posibles. Y, paradójicamente, salir así dejó más confianza que frustración: significaba que se podía estar ahí.

Lo que faltaba era aprender a llegar al sábado con más combustible.

Una enseñanza que no aparece en Match Play

Londres dejó una conclusión bastante evidente: los grandes jugadores no sólo juegan mejor. También administran mejor el torneo.

Fue llamativo observar cómo muchos llegaban al venue, trabajaban sus tarjetas durante unas horas, conseguían lo que buscaban —o decidían que ese día no iba a salir— y se marchaban.

Nosotros, en cambio, teníamos cierta tendencia a querer aprovechar cada minuto disponible. Una hora más, una tarjeta más, otra máquina… hasta acabar completamente vacíos.

En un evento de este tamaño, la energía física y la atención son recursos tan limitados como las propias bolas.

Para la próxima hay bastante trabajo por hacer ahí.

Scorekeeper de los tipos que uno miraba por streaming

Hubo además otra experiencia bastante curiosa.

Los participantes debíamos colaborar realizando turnos de scorekeeping. Sobre el papel no tiene demasiado misterio: comprobar resultados, registrarlos correctamente, gestionar las colas y mantener el ritmo.

Hasta que delante tuyo aparecen Viggo Löwgren, Eric Stone, Arvid Flygare, Lukas Ott, Zach Sharpe, Jack Slovacek, Raymond Davidson, Paul Englert y unos cuantos más.

Y uno piensa por un instante cómo terminó haciéndole de “casi juez” a algunos de los mejores jugadores del planeta.

No hubo grandes conversaciones porque el ritmo era constante y siempre había alguien esperando, pero sí comentarios rápidos, alguna broma, guiños, risas y la posibilidad de observar desde centímetros cómo preparan una bola y cómo leen una máquina jugadores de ese nivel.

También se aprende desde ahí. Muchísimo.

Team LATAM

Y en medio de todo aquello apareció una de las historias más especiales del viaje: la competición por equipos.

España presentó su selección formada por César “Pipo” Dubón, Josep Cruells, Andrés Garbín y Javier “Inder” Núñez.

Y, por una iniciativa que entendemos surgió del propio Inderman, apareció además otra formación. En el cuadro oficial figuraba como South America.

Para nosotros era simplemente Team LATAM:

Pablo Olivero, Nacho Rodeyro, Rafael de Lima y Christian Oostdam.

Cuatro jugadores sudamericanos compitiendo juntos en el Team Competition del Europeo.

Hasta donde hemos podido comprobar en la información disponible, no encontramos un antecedente equivalente de un equipo íntegramente sudamericano en esta competición, así que preferimos formularlo con prudencia. Pero para nosotros la sensación de estar haciendo algo muy poco habitual era indudable.

Y, como suele pasar cuando uno estrena equipo, el sorteo decidió recibirnos con cariño.

UK. Seed 3 contra seed 14. Bienvenidos.

Cuatro jugadores, cuatro bolas

La primera ronda tenía un formato especialmente atractivo: una partida a cuatro bolas, jugando cada integrante del equipo una de ellas.

No existían cuatro resultados individuales que después se sumaran. Lo que construía uno quedaba directamente para el siguiente.

UK eligió The Uncanny X-Men Premium, una máquina que para nosotros tenía una dificultad adicional: no formaba parte de las que habitualmente tenemos disponibles para entrenar.

Ellos llevaban una estrategia muy definida. Nosotros tuvimos que construir la nuestra prácticamente sobre la marcha.

El orden fue Pablo, Christian, Rafa y Nacho.

Pablo abrió intentando preparar misión y multibola; la bola terminó antes de lo deseado. La segunda consiguió hacer avanzar el juego, aunque un tiro fallado de rampa terminó disparando el multibola fuera de la secuencia ideal y dejó el marcador alrededor de los 50 millones.

Después llegaron algunas bolas demasiado cortas. Nervios, apuro y pequeños errores que en una partida normal quizá no aparecen, pero que frente a un equipo como UK se pagan.

El marcador terminó aproximadamente en la zona de los 70–80 millones y UK ganó con justicia, sin necesidad siquiera de utilizar su cuarta bola.

Nuestra aventura terminó casi tan rápido como había empezado.

Perder también sirve

No hubo demasiado tiempo para lamentos.

La sensación general fue bastante clara: no habíamos jugado a nuestro nivel real. No por falta de ganas, sino probablemente por exceso de ellas.

Había demasiada tensión y demasiadas ganas de hacerlo bien. Y en pinball eso muchas veces produce exactamente el efecto contrario.

Para la próxima ya sabemos bastante más: llegar con las máquinas estudiadas, definir planes A y B, acordar cómo continuar la construcción que recibe cada jugador y, sobre todo, jugar con más aplomo.

Una cosa es competir individualmente. Otra muy distinta es recibir una bola preparada por tres compañeros sabiendo que cada decisión afecta a los cuatro.

España tampoco tuvo suerte en esa primera ronda y cayó frente a una durísima Suecia sobre KISS.

El Team Competition terminó finalmente con Italia campeona, derrotando a UK por 2–1 en la final.

Y entre nosotros quedó instalada otra idea. Después de todo lo aprendido con las tarjetas durante el fin de semana, quizá para la próxima edición requiera irónico cambio de nombre:

THE VOID BOYS.

No todo era Main y Major

La dimensión del evento se entendía también viendo todo lo que ocurría simultáneamente en las salas de Wandsworth.

El Ladies UK Open reunió a sus ocho mejores clasificadas en la fase final. Tirza Wichelhaus consiguió la victoria, seguida por Julia Palfi, Amy Ziegenhagen y Helen de Haan-Verbeek. Gry Bromley e Izabelle Hugosson compartieron la quinta posición, Kate Rothwell-Jackson terminó séptima y Kaite Martin octava.

También hubo espacio para el UK Open 14&U Junior Tournament, donde Julia Palfi volvió a ser protagonista, esta vez consiguiendo la victoria por delante de Adrian Darwin Kjaer, Michael Aw y James Aw.

Y el domingo, mientras se desarrollaban las grandes finales, se puso en marcha además el Target Matchplay, una alternativa para quienes ya no continuaban en los cuadros principales.

Participaron 88 jugadores sobre 26 máquinas. El objetivo era alcanzar 77 puntos mediante un sistema de puntuación 7/5/3/1, y el torneo terminó con Koi Morris primero con 78 puntos, seguido por Mariusz Tkacz y Jon Carolan.

Entre los nuestros, Pablo Olivero terminó 57º, Rafael de Lima 60º, Javier Núñez y Christian Oostdam 65º, y Josep Cruells 95º.

Era otra forma de entender lo que estaba ocurriendo en Londres: siempre había una máquina jugando, una cola avanzando o un torneo empezando en algún rincón del edificio.

El pinball también ocurre entre partidas

Si algo volvió a confirmar Londres fue que los resultados son sólo una parte del viaje.

Los almuerzos rápidos, el pub frente al Civic Suite, una hora diaria de transporte, comentarios sobre partidas, bromas, encuentros con jugadores de otros países, viejos amigos y nuevos amigos fueron terminando de construir una experiencia que iba mucho más allá de las clasificaciones.

Rafa con Timber. Charlas con Torsten Eid, Michiel Arts, Paul Englert, Arno Nöbl y tantos otros. Giovanni Parisella demostrando una vez más que se puede ser italiano y llevar a la selección argentina prácticamente en el ADN.

Y una delegación española cada vez más integrada en un circuito europeo que, torneo tras torneo, deja de sentirse como un conjunto de desconocidos y empieza a convertirse en una enorme comunidad.

Una pequeña pausa llamada Fallout

Entre semejante cantidad de competición hubo incluso tiempo para probar una de las grandes novedades del evento: Fallout, el nuevo Stern, presente en versiones Pro y Premium.

Fue una de las sorpresas más agradables del viaje y probablemente uno de los lanzamientos recientes de Stern que más me gustaron.

Es una máquina muy dinámica, que toma ideas reconocibles de otros títulos y las combina con bastante acierto: multibolas salvajes, rampas rápidas y combos que invitan permanentemente a seguir disparando.

Especialmente curioso es el pequeño flipper superior izquierdo colocado de forma invertida, que al principio desconcierta pero termina integrándose muy bien en el flujo de juego.

La Premium agrega varios mecanismos más, entre ellos un pequeño playfield inferior magnético sin flippers —con algo de AC/DC mezclado con Twilight Zone— y un cañón que alimenta la zona superior.

Personalmente me quedo con la Pro: más directa, más rápida y con menos interrupciones.

Pero ambas dejaron ganas de seguir jugando. Y eso suele ser una buena señal.


Domingo: los mejores siguen siendo los mejores

El domingo llegaron las finales del EPC.

Para entonces varios de nosotros ya estábamos fuera del cuadro principal y el cuerpo empezaba a pedir un cambio de aire. Después de varios días encerrados entre máquinas, Julio, Pablo y yo terminamos acercándonos a Covent Garden, comprando algunos regalos y buscando un sitio donde cenar fish & chips.

El torneo, naturalmente, vino con nosotros. Teléfono apoyado sobre la mesa, streaming encendido, y así terminamos viendo las finales de nuestro primer Major.

Viggo dio una clase

Lo que vimos fue impresionante.

Viggo Löwgren terminó llevándose el European Pinball Championship, con Timber Engelbeen segundo, Arvid Flygare tercero y Eric Stone cuarto.

Era además el primer título Major de Viggo.

Pero más que el resultado quedó la forma.

En Jaws, en una situación que parecía muy complicada, empezó a encadenar tiros limpios uno detrás de otro, explotando combos con una precisión tremenda y remontando una partida que parecía irse.

Después llegó Attack from Mars. Más de 10.000 millones.

Otra masterclass construida con un juego aparentemente sencillo: multibola, jackpots, Super Jackpot, volver a preparar y empezar otra vez.

Nada especialmente exótico. Simplemente ejecutar de manera casi perfecta durante muchísimo tiempo.

A veces mirar una partida así enseña más que leer cincuenta páginas de reglas.

Los resultados españoles del Major

El EPC dejó también una medida bastante exacta de la dureza del field.

Entre la delegación española, Julio Vicario terminó 35º, siendo nuevamente el mejor clasificado.

Después llegaron Christian Oostdam 81º, César Dubón 85º, Andrés Garbín 91º, Rafael de Lima 95º, Javier Núñez 100º, Pablo Olivero 123º, Josep Cruells y Jesús Garbín 139º, y Nacho Rodeyro 183º.

El podio final quedó reservado para cuatro nombres enormes: Viggo Löwgren, Timber Engelbeen, Arvid Flygare y Eric Stone.

Volver distinto

Después de la cena llegó la despedida de Julio y el regreso al alojamiento. Terminamos de ver la final, ducha, apenas un par de horas de sueño y otra vez de madrugada rumbo a Luton.

Desayuno de aeropuerto, últimas bromas, últimas fotos y la despedida final.

Habían sido cuatro días de doce a catorce horas. Habíamos jugado demasiado, dormido poco, pensado demasiado en rankings, tirado demasiadas tarjetas y aprendido una barbaridad.

Mi primer Major terminó dejando una sensación bastante simple:

quiero volver.

No inmediatamente, claro. Hizo falta casi una semana para volver a sentir que había batería.

Pero una vez recuperado el cuerpo apareció quizá la mejor conclusión posible: el pinball me gusta todavía más. Y si se puede jugar rodeado de amigos, mejor. Mucho mejor.

Londres dejó confianza, dejó tareas pendientes, técnicas por trabajar, reglas por estudiar y especialmente una lección clara sobre gestión de energía y atención.

También dejó Team LATAM.

Una derrota rápida, un montón de risas y la sensación de que aquella historia recién empezó.

Ahora espera Hungría, con el HPO, otro field enorme, otra carga horaria importante, dos High Scores, varios Match Play y una nueva oportunidad para poner en práctica todo lo que Londres nos enseñó.

Porque de eso se trata también.

Volver, pero volver un poco mejor.